Novak Djokovic sigue ganándo.
Escrito por Roberto Falero    Domingo, 29 de Enero de 2012 21:21    PDF Imprimir

Novaki Djokovic venció 5-7, 6-4, 6-2, 6-7(5) y 7-5, a Rafael Nadal en cinco horas y 53 minutos, el encuentro más largo de éste Torneo en Australia.

Novak Djokovic sigue siendo el rey. También en el inicio de 2012. El serbio condena a Rafael Nadal a entrar en los libros como el primer tenista en la era profesional (desde 1968) derrotado en tres finales consecutivas de Grand Slam, todas ante la raqueta de Belgrado. En la última, la más dolorosa, sobre el imponente Rod Laver Arena de Melbourne, tampoco se rompió el maleficio y cayó por 5-7, 6-4, 6-2, 6-7(5) y 7-5 en una agonía de cinco horas y 53 minutos, el encuentro más largo en la Historia del torneo -39 minutos por encima de las semifinales de 2009, también con Nadal como protagonista ante Verdasco- y la final más extensa de un 'major'. El reloj se acercaba a las dos de la madrugada cuando el número uno del mundo sumó su quinto Grand Slam, el tercero en Australia, tantos como Mats Wilander y a uno sólo de Roger Federer y Andre Agassi.

Un cambio de raqueta tras el segundo juego del partido reveló a Nadal que, de entrada, su rival no sentía la pelota como de costumbre. Él, en cambio, certero con el primer servicio, afinado con la derecha, escuchaba, animado, el sonido limpio de su raqueta. Agresivo desde el inicio, como se había propuesto, imprimiendo un ritmo asfixiante y encontrando al fin la profundidad deseada en sus golpes, volvió experimentar la maravillosa sensación de llevar la iniciativa ante el número uno del mundo.

Tras cuatro juegos, Nadal apenas había entregado un punto con su servicio y presionado al resto (15-30 y 0-30). Tanto achuchaba el español, tanto trataba de empujar a su oponente, que la primera opción de 'break' se perdió tras la línea de fondo con un resto de revés. La siguiente, obtenida también en el quinto juego tras un intercambio intenso, sí la resolvió a su favor tras un error de Djokovic con el revés paralelo, ese golpe devastador que hasta ese instante apenas había entrado en juego.

12 minutos tardó Nadal en confirmar el 'break'. Se encontró con la esperada reacción de Djokovic y retrocedió dos pasos, confiando tal vez en su ADN defensivo en el que tan bien se desenvuelve; olvidando que esa estrategia no sirve ante el tenista balcánico. Salvó los dos puntos de 'break', el primero tras recuperar la agresividad con un saque abierto y una derecha paralela, el segundo tras un error grave de Djokovic con el 'drive' cruzado.

Si se esperaba un campeón de más a menos y a un Nadal aguardando su momento, finalmente sucedió todo lo contrario. El segundo perdió su ventaja en el octavo juego con una derecha a la red. Por entonces, ya había cedido metros hasta entrar en la zona de peligro, donde sus golpes 'liftados' no duelen, donde vuelve a sentirse dominado. Aun así, Nadal seguía encontrando puntos ganadores, también con el revés, el que seguía sin funcionar a 'Nole'. Un nuevo error con el paralelo devolvió la renta al número dos del mundo. Al contrario que en las dos finales anteriores entre ambos, en Wimbledon y en el US Open, Nadal se apuntaba la primera manga. Y en 80 minutos, ¿veneno para Djokovic?, sobre el papel más lastrado que su oponente tras disfrutar de un día de descanso menos tras las semifinales. La vida volvía a ser maravillosa.

Dejó de serlo en la segunda manga tras ceder el servicio en el cuarto juego. Su saque ya no inquietaba al serbio y en los restos del rival se intuía un problema mayor a medida que la memoria evocaba el pasado reciente, la impotencia de Nadal para sacar adelante sus servicios en los seis duelos de 2011, los que invirtieron la jerarquía en la ATP. Aun así, encontraba la manera de desplazar a la raqueta de Belgrado, de impedirle dictar el ritmo del juego, de contener su tremendo golpeo. Una doble falta del balcánico le reenganchó a la manga (5-4), pero una suya a continuación le impidió seguir pensando en una ventaja de dos sets. Adiós paraíso.

Lo que vivió Nadal a partir de entonces en nada se pareció al Edén. En realidad, la tercera final consecutiva ante el serbio en un 'grande' pronto se transformó en un vía crucis similar a los anteriores. A medida que el servicio le abandonaba, Djokovic avanzaba un paso más y sus piernas se libraban del plomo con que saltaron a la pista. Pronto acorraló a su presa desde el resto, pronto le recordó la impotencia que puede llegar a sentirse ante él.

El número uno del mundo firmó cuatro juegos en blanco en el tercer set, entre ellos los dos últimos. Ocho puntos consecutivos para un contundente 6-2. Ni un punto de 'break' en contra. Derechas, reveses, dejadas, voleas... Djokovic, en lugar de pagar la factura de su larga batalla con Murray, se hacía más fuerte alimentado por los estragos provocados en la raqueta del rival.

Nadal, siempre temible en la agonía, cuando sangra la herida, se aferró a su saque para sostenerse en la final, pero 'Nole' había entrado en 'trance'. El español trató de no recordar, la mente fija en un punto amarillo. Así resistió en el cuarto parcial. Siguió remando hasta encontrarse con un 0-40 en contra en el octavo juego. Sólo entonces reencontró el camino de los golpes ganadores. Con la derecha primero, con el servicio después, se concedió otra oportunidad. Fue cuando empezó a llover.

La interrupción, de apenas 10 minutos -lo que tardó en cerrarse el techo del Rod Laver Arena- no enfrió a Djokovic. Se apuntó otro servicio en blanco (5-4) y restó para conquistar su quinto 'grande' en siete finales, su tercer Abierto de Australia. Nadal, siempre de cara, siempre dispuesto a un nuevo esfuerzo, a un nuevo impacto, no perdió la fe y condujo con sobriedad hasta el 'tie break'. Fue el instante en que 'Nole' ofreció muestras de su condición humana con tres errores de derecha que plantearon el drama del quinto set. Cuatro horas y 39 minutos después.

Reacción frustrada

Un nuevo error de derecha de Djokovic tras un intercambio de 14 golpes concedió a Nadal su primer punto de 'break' en el sexto juego del set decisivo. Se situó con 4-2 y servicio. Ya era otro Nadal, la mirada fija, concentración máxima, confianza intacta. La cabeza de Djokovic, en cambio, se quedó en el cuarto set tratando de descifrar cómo había dejado escaparlo, siguió emitiendo señales de agotamiento que su cuerpo se negaba a reproducir. Asido a la cruz que cuelga de su cuello, encontró la manera de devolver el 'break', de apoyarse en un error grave de Nadal con su revés, un 'passing' claro que acabó en el pasillo y que hubiera situado al mallorquín con bola de 5-2.

Una última doble falta de Djokovic concedió otra oportunidad malgastada. Nadal entregó su saque a continuación encogido de nuevo por los restos de Djokovic, que siempre vuelven a los pies. Nadal siguió negando la derrota, que finalmente se concretó con una derecha cruzada limpia, directa al corazón del balear. La distancia se ha reducido, en el juego y en el 'ranking' (840 puntos menos), la senda correcta, la ofensiva, se ha retomado, pero siete finales después, Djokovic, ganador -como él, Federer, Sampras y Laver- de tres 'grandes' consecutivos, sigue representando una montaña infranqueable. Aun con un día menos de descanso, aun después de mantenerse sobre la pista durante 10 horas y 47 minutos entre el viernes y el domingo.

Ganadores de tres o más torneos consecutivos de Grand Slam

Rod Laver - Australia '69, R. Garros '69, Wimbledon '69, US Open '69
Pete Sampras - Wimbledon '93, Us Open '93, Australia '94
Roger Federer - Wimbledon '05, US Open '05, Australia '06
Roger Federer - Wimbledon '06, US Open '06, Australia '07
Rafael Nadal - R. Garros '10, Wimbledon '10, US Open '10
Novak Djokovic - Wimbledon '11, US Open '11, Australia '11